Tras recibir en 2 días 23 24 mails relacionados con este blog, me he planteando muy seriamente apuntarme a Gran Hermano.
Si gano prometo jamón para todos, copas a pares en el extranjero, y fotos en los intermedios de mis conferencias. Estaré
en los reservados de las discotecas, pero saldré a saludar y a firmar autógrafos. Al fin y al cabo, me estaréis pagando la hipoteca. Esa de la que luego hablaré en algún programa de debate con guión donde luciré una chaqueta de 400€ combinada con la actitud del que se baja de un autobús. Sí. Seré así y no me daré importancia.
Cuando pase mucho tiempo, uno o dos meses, el suelo siempre alfombrado de los sitios a los que acudiré no me dejará pisar la Tierra, pero nadie lo notará. Estaré de moda y tendré éxito. Saltaré de boca en boca, de despacho en despacho como un diablo caprichoso y manipulado. El éxito será la única meta posible en la carrera de necios que me ha tocado correr. Los periodistas colaborarán a mi mitificación, dejarán constancia de que la creatividad no se aprende y me preguntarán hasta la saciedad: “¿Te esperabas este éxito?” … Pobres. Me lo ponen demasiado fácil. “¿Se puede esperar una gripe?” responderé. Pero siempre estará la becaria. Esa que no tiene nada que perder y menos que ganar, esa que en un alarde metafórico sin precedentes hablará de “morir de éxito” para definir a los que se bloquearon rodeados de parabienes, dinero, caprichos y una pertinaz sequía creativa. Placa, placa y replaca. ¡Qué cruel!
Si el fútbol es un juego basado en aprovechar los fallos del contrario, la vida -otro juego- es el arte de elegir. Y es que a partir de ahora cada vez que elija estaré descartando y, por tanto, cerraré para siempre un camino que nunca sabré hasta dónde me llevaba. Una de las cosas más difíciles en mi nueva profesión será saber decir que no. Casi más difícil que decir: “mira, es que ya no te quiero” o “mamá, no me esperes el domingo para comer”. Tendré que aprender a dar evasivas y excusas para evitar enfrentarme a esa palabra que parece hecha de piedra: NO.
La incertidumbre que me generó la impertinencia de la becaria me empuja a reservarme por si acaso la opción de tirar hacia atrás la película y retomar el camino descartado. O sea, el miedo me empujará a la inconcreción, a la duda y otra vez al miedo. Para entonces ya habré comprobado que del miedo al error hay un paso (it’s never too late, i guess).
Será el momento de enfrentarme a mi primera crisis. El rediseño (o rebranding, para que se note ese campamento que me hice en Irlanda) será la solución. Será el momento de colgar el cartel de “Colorín Colorado el cuento está vivo” y pensar, como siempre, que lo mejor está por llegar.
Moraleja: Algunos me preguntaban por qué lo hacía. Aprovecho ahora para contestarles: “porque-me-daba-la-gana”.
P.D. ¿Dónde habéis estado todos estos nuevos comentaristas que ahora salís proclamando el ‘No a la tala’, el ‘yo podría hacerlo mejor si me dejas’ …? Tranquilos, se tarda un tiempo en descubrir que lo mejor de la vida es mojarse desde el principio (los viernes de madrugada en cualquier canal autonómico podéis ir entrenando). Con vosotros también me sacaré una foto. Pero por favor, NO más mails. Mira, ya voy aprendiendo …
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